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Si el refrán reza que “aceite y vino, bálsamo divino” y “el tinto con jamón, es buena inyección”, por algo será. Y es que el vino es el complemento ideal para acompañar una buena comida. Sin embargo, no sirve cualquier tipo de caldo. Los aperitivos, ensaladas, carnes, pescados… Incluso el postre debe ir acompañado de un vino concreto para que la degustación del menú sea exquisita.

Por eso te explicamos las variedades y tipos de vino que hay y su clasificación general. Así te convertirás en un auténtico sumiller.

Tipos de vino blanco

Las diferentes clases de vino blanco proceden principalmente de uvas blancas fermentadas sin piel, aunque hay importantes espumosos que se fabrican con uvas rojas, pero vinificadas en blanco, es decir, que no tienen contacto con los hollejos (pieles, semillas y tallos de la fruta) sino que se separan inmediatamente de ellos.

Son vinos que suelen beberse fríos y que acompañan a platos más ligeros, como el pescado, el pollo, los fiambres y ensaladas o platos a base de vegetales.

Los tipos de vino se clasifican, de forma general, en función de la vid y del área de producción y su calidad dependerá mucho del clima, así como del tipo de suelo y, obviamente, la elaboración.

Un factor importante a tener en cuenta es que el vino blanco no envejece de la misma forma que el vino tinto y su consumo se limita a uno o dos años porque es más sensible que el tinto y se oxida con facilidad. En cuanto a la temperatura de conservación, se recomienda conservarlo a una temperatura de 5 grados.

Entre los más populares destaca el Chardonnay (original de Borgonia, en Francia y que es la base del champagne) y el Chenin Blanc, el Sauvignon Blanc (un vino más seco y de fuerte aroma), y el Moscatel, en el que predominan las notas afrutadas y una gran personalidad aromática.

Riesling, es la variedad de uva blanca más conocida e importante de Alemania, y da un vino blanco considerado por los entendidos como de muy alto nivel. Y tienen un equilibrio entre los grados de alcohol, y una marcada acidez con aromas.

Vinos rosados

Precede de uvas tintas, y a veces se combina también con uvas blancas. Su color más claro se debe a que la uva se prensa y en seguida se separan las pieles del zumo de la uva. De hecho, cuanto más tiempo esté la piel de la uva en contacto con el vino, más oscuro será éste.

El rosado es un vino con poca maceración y el sur de Francia es la cuna de este tipo de vino, en concreto la Provenza.

Entre las variedades más comunes de este tipo de vino destaca el Garnacha, cuya uva puede ser tinta y blanca. La primera es la originaria de España y necesita calor y clima seco para crecer. Por el contrario, la uva garnacha blanca crece en áreas más húmedas próximas al mar y son las que más se usan en Francia.

Los vinos rosados de Garnacha son bastante equilibrados, con un sabor y aroma especiado y de color claro, y son muy carnosos en boca.

Otra variedad es el Syrah, con un aroma a flores y frutas rojas y un aspecto brillante con tonalidades frambuesa. Es ligeramente ácido y muy fresco. Es un vino con cuerpo, de textura sedosa y con gran cantidad de taninos.

El tempranillo es una variedad que tiene una baja graduación alcohólica (entre los 11 y los 14 grados), y una acidez media, lo que lo convierte en un vino apto como acompañante en casi cualquier tipo de comida.

La Cariñena es una variedad de uva que da como resultado vinos de color más intenso, de color menos intenso, sedosos y tiernos.

Los Merlot son vinos caracterizados por una intensidad de color rubí con tintes violáceos, tienen una alta graduación alcohólica y un suave aroma a frutas como la ciruela y la uva pasa.

Clases de vinos tintos

Los vinos tintos se obtienen de uvas rojas por dentro, pero similar al morado por fuera y rojizos tirando a granate

Es un tipo de vino que suele servirse a temperatura ambiente, aunque en función de la variedad puede mantenerse también a temperatura muy baja. Esto lo que hace es influir en el grado de acidez del vino en cuestión. Por el contrario, si se mantiene a una temperatura alta lo que ocurrirá será que, en lugar del sabor, lo predominará será el alcohol (a temperatura mayor de 25 grados).

Uno de los grandes mitos que persigue al vino tinto es que se sirve solo como acompañamiento de la carne, pero nada más lejos de la realidad, ya que pueden maridar a la perfección con algunos postres o dulces como, sin ir más lejos, el chocolate.

Según el tiempo que pasan en barrica, se les clasifica como vino joven, que no pasa tiempo en barrica y se embotellan después de la fermentación y conserva sus propiedades una media de dos años.

Le sigue el semi-crianza, que caracteriza a los vinos que han pasado seis meses en barrica. El próximo nivel es el crianza, que pasa al menos un año en barrica y se vende al tercer año de vida.

¿Cuál le sigue en el escalafón? El Reserva, que debe permanecer mínimo un año en barrica para considerarse como tal y, además, ser sometido al menos a tres años de envejecimiento.

Y, por último, el Gran Reserva, una calificación solo apta para vinos excepcionales que pasan como mínimo dos años en barrica y tres en botella, lo que se traduce en que en total necesita envejecer como mínimo cinco años.

En cuanto a los más consumidos, destaca uno muy tradicional, el Cabernet Sauvignon, un vino seco que combina muy bien con pasta, asados y estofados.

El Malbec, muy popular en Francia y Argentina, es un vino muy oscuro son sabor a moras y ciruelas negras. Las carnes rojas y verduras y hortalizas y las pizzas son algunos de los platos que combinan a la perfección con esta variedad de vino.

Vino y salud

El vino, además de darle el toque perfecto a los platos, cuenta con un valor añadido, y es que tiene efecto antioxidante y beneficios para el corazón. De hecho,  algunos estudios revelan que beber de forma moderada una pequeña cantidad de alcohol hace que sea menos probable el desarrollo de problemas de corazón que quienes no beben o lo hacen en cantidades excesivas.

Con estas claves, ¡seguro que ya puedes elegir la variedad de vino que mejor combina con tu menú!